Imagen de 2005 del estadio de Le Corbusier (proyecto de 1953-1965, construido en 1979-1981). Foto cedida por Pedro Azara.

Conocemos Bagdad por las guerras. Por los muertos. Por Sadam. Conocemos Bagdad por el petróleo. Pero desconocemos la realidad de las entrañas de la ciudad. La capital iraquí poco tiene que ver con la ciudad culta y ancestral que era la cercana Babilonia (s XVIII aC). Bagdad surgió en la Edad Media y alcanzó su esplendor entre los años cincuenta y ochenta, de la mano de grandes arquitectos como Rifat Chadirji, Frank Lloyd Wright, Le Corbusier, Alvar Aalto, Walter Gropius, Gio Ponti y Constantinos Doxiadis, entre otros. Y, aunque parezca mentira, Sadam Husein tuvo mucho que ver. Ahora, una exposición organizada por el profesor de la Universitat Politécnica de Catalunya, Pedro Azara, y el embajador de España en Bagdad, Ignacio Rupérez,  muestra lo que la ciudad pudo haber sido y nunca llegó a ser… completamente.

Un dibujo de la Universidad de Bagdad de Gropius, que no llegó a construirse. Imagen cedida por Pedro Azara.

La ciudad de Bagdad, que significa Don de Dios o la Ciudad del Dios Sol, que fue construida por Al Mansur, califa y arquitecto, en el 762, se convitió en la gran capital del califato, con más de un millón de habitantes, y en el centro cultural y comercial de todo el mundo medieval oriental y occidental. Años más tarde, en el s XIII, fue arrasada por los mongoles y conquistada por Tamerlán a principios del XV. No sería la última vez que Bagdad fuera destrozado. Pero antes, llegarían los años dorados: su época más brillante, arquitectónicamente hablando, llegó a mediados del siglo XX, cuando Irak fue liberado del imperio otomano y posteriormente, del colonialismo británico.

Foto antigua de la embajada norteamericana de Sert. Imagen cedida por Pedro Azara.

En 1950, el rey Faisal II fundó el Development Board, un organismo encargado de la mejora de infraestructuras que, con la ayuda de los mejores arquitectos del mundo, planificó un Bagdad equiparable a cualquier capital occidental. Así, arquitectos de la talla de Wright, Le Corbusier, Aalto, Gropius, Ponti y Doxiadis, la mayoría ancianos ya, hallaron, al final de su vida, una última y renovada fuente de inspiración para crear insólitas obras maestras y la posibilidad de impartir conferencias que fueran una bocanada de aire fresco a una nueva generación de arquitectos locales.

Pero no todas las obras pudieron ser llevadas a cabo. Los sucesivos sucesos belicosos impidieron que se construyesen otras diseñadas como la Ópera de Bagdad o la Universidad a cargo de Le Corbusier, la Central de Servicios Eléctricos y una galería de arte diseñadas por Wright y el Museo de Bellas Artes, el edificio de Correos y el Banco Nacional de Alvar Aalto.

Dibujo del proyecto no construido, todavía, de Wright. Imagen cedida por Pedro Azara.

El golpe de estado del general Abdul Karim Qassim en 1958 ralentizó las obras, que serían impulsadas por Sadam Husein cuando llegó al poder en 1979. El dictador demostró que no sólo le interesaban las armas y retomó la iniciativa del rey Faisal II, colocando la primera piedra de proyectos como el estadio de Le Corbusier, organizando concursos internacionales como el de la Mezquita Estatal, en el que participaron Ricardo Boffil y Rober Venturi, y, sobre todo, encargando, a través de arquitectos internacionales y de grandes constructoras principalmente norteamericanas, nuevos barrios financieros y residenciales, expandiendo la ciudad sobre todo en el margen oriental del río, con vistas a la definitiva transformación de Bagdad en una gran capital preparada para acoger la VII Conferencia Cumbre del Movimiento de los Países No Alineados (NOAL o MPNA) en septiembre de 1982 –que finalmente tuvo lugar en Nueva Delhi-.

La ciudad se convirtió, asi, en una gigantesco campo de grúas que la guerra entre Irak e Irán (1980-1988), la invasión de Kuwait (1989), las dos guerras del Golfo (1990-1991, 2003-), la ocupación del país y la soterrada guerra civil lenta e irremediablemente han ido abatiendo

La muestra se podrá ver en el Col.legi d’Arquitectes de Catalunya (Barcelona), del 10 de julio al 10 de septiembre; en la Casa Árabe (Madrid), del 1 de octubre al 30 de noviembre. Posteriormente, la exposición viajará al Colegio de Arquitectos de Córdoba y al Instituto Cervantes de Amann (Jordania). Los organizadores también barajan la posibilidad de llevarla a Londes y Washington, y, quizá, a Bagdad.

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