Berlín, el espejismo Germania: la ciudad mausoleo de Hitler

Maqueta de la sala de reuniones ideada por Speer, con una cúpula de 300 metros de alto. Imagen: Adn.es.
Como buen dictador, Adolf Hitler, al igual que Sadam Hussein en Bagdad, deseó en vida que se le recordara una vez muerto. Lo consiguió, pero no de la manera que él había planeado. Proyectó una metrópolis de dimensiones descomunales y desproporcionadas que bautizaría como Germania. Sería la capital del Reich y contemplaba cambios urbanísticos radicales en el Berlín de la época: un Gran Pabellón con una cúpula de 300 metros de altura, un arco del triunfo 49 veces más grande que el de París, avenidas kilométricas a lo largo y ancho para que no quedaran dudas de su hegemonía en los desfiles militares… No contó con la posibilidad de que sus planes se truncaran. La falta de recursos durante la II Guerra Mundial evitaron que Berlín se convirtiera en un mausoleo. "Como los antiguos faraones, Hitler quería construir con piedra natural para asegurarse la inmortalidad. Germania no iba a ser una ciudad, sino una tumba", reconoció a finales de los sesenta el arquitecto que había esbozado el proyecto, Albert Speer. Hoy se abre al público la exposiciónEl mito de Germania-Huellas y sombras de la Capital Imperial en pleno centro de Berlín, justo al lado del monumento en honor a la víctimas del Holocausto.

Foto: Adn.es.
Esta avenida estaba diseñada especialmente para que Germania pudiera presumir de sus fuerzas militares. Imaginarse las descomunales dimensiones resulta fácil si se toma como referencia la cúpula del Gran Pabellón, de 300 metros de altura, que se puede apreciar en la parte superior de la imagen.

Foto: Adn.es.
El artífice de esta hipérbole de ciudad fue Albert Speer, un arquitecto a las órdenes del caudillo. El arquitecto del III Reich. La idea era crear la capital del imperio nazi. Y como iba a ser referente de la raza aria, debía ser inmensamente enorme. Desmesurada. Exagerada. A lo mejor para compensar el complejo de diminuto que tenía el dictador… lo que no deja de ser una teoría que me ronda la cabeza.

Foto: Adn.es.
Parte del megaproyecto urbanístico contemplaba la demolición de las miles de viviendas de los considerados no arios. "Sus planes tenían como punto clave las expropiaciones de viviendas de todos los no arios. Osea, las deportaciones", asegura el director de Berliner Unterwelten.

Pero la reconstrucción de Berlín no fue posible. El estallido de la II Guerra Mundial (1939-1945) echó por tierra todos los planes del arquitecto Speer. Todos los recursos estaban siendo destinados a la contienda. Y los deseos de grandeza del chiquitín del bigote se quedaron en eso, en deseos. El universo nazi nunca tuvo un imperio a la altura, y Hitler tampoco levantó una tumba donde, una vez muerto, sus seguidores lo pudieran adorar.
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