Arquitectura: Tadao Ando. La armonía de los Elementos
Tadao Ando nace en Osaka, Japón, en 1941. No ingresa en ninguna escuela de arquitectura, sino que va adquiriendo sus conocimientos de la observación de los modelos europeos, estadounidenses y japoneses.
Fija su atención principalmente en templos, santuarios y casas de té, en los que encuentra la inspiración para el desarrollo de sus proyectos.
En 1969 funda su estudio: Tadao Ando Architect & Associates. Sus primeros proyectos son pequeñas casas de madera, así como diseños de interiores y mobiliario.
Es en 1975 cuando comienza a destacar con la construcción de Row House, un pequeño apartamento cúbico de hormigón situado en una manzana de viviendas tradicionales japonesas. Gracias a esta construcción, Ando gana ese mismo año un premio de la Asociación Japonesa de Arquitectura.
Este afamado arquitecto japonés cuenta además con otros premios como el Premio Carlsberg de Dinamarca en 1992, el Premio Pritzker en 1995, el Premium Imperiale en 1996 o la Medalla de Oro del Instituto Británico de Arquitectos en 1997.
Estilo austero.
La obra de Ando puede parecer a simple vista demasiado austera; sin embargo lo que pretende es encontrar la armonía y la paz mediante la ausencia de complejidad.
Uno de sus principales esfuerzos está encaminado a integrar la naturaleza en los espacios construidos. Esto lo logra mediante unos patios que denomina “espacios vivos” y que confieren a los edificios luz, viento y lluvia.
De la tradición japonesa no toma las formas, sino los conceptos en el trabajo. Se interesa mucho por los volúmenes creados a partir de formas puras tales como las geométricas.
Ando pretende crear refugios para el espíritu, espacios cerrados en los que las paredes cobran una importancia principal. Las paredes, uno de los elementos más sencillos de la arquitectura, van a encargarse de dividir espacios, de transfigurar los lugares y crear nuevos ambientes.
Otra de las constantes en la obra de Tadao Ando es el empleo del hormigón liso como material estrella. En él, prefiere dejar visibles las marcas del encofrado con el fin de crear murales tectónicos, despojados de toda ornamentación, que sirven como superficie para captar la luz.
